Es necesario, dicen, saber ser lento, se debe saber callar.

Ricardo Piglia, Formas breves.


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martes, 8 de mayo de 2012

Mortales enteros


Este poema ya no me causa gracia.

Mortales enteros

Somos mortales enteros,
nada nos distrae
si de costumbre se trata,
hasta que el amor llega,
se va, y uno que en esta orilla
preparando la próxima morisqueta.

martes, 17 de abril de 2012

Cuatro notas para un presente.



1.

Intacto tengo
a tus labios
en su puchero.

Y con esa imagen
me he pasado el día
silbando
entre automóviles,
invocando (inútil tarea)
explicaciones que
sepan reorganizar
la estructura ósea
de pensamientos
violáceos
y fluorescencias
indómitas
que circunvalan
en este acuario
sin vidrios. 

2.


En el fondo
bordee la cuneta,
camine sobre ella y
me acomode.
Y allí,
sin espacio ni lejanías,
pude fotografiar
tu transparencia
que vengo observando
desde aquel llamado
que hiciste desde el sur.

3.

Y ahora,
antes que termine mi noche,
me acerco a
rozar tu liviandad
para desaparecer
sin vértigos ni complejos. 


4.

Eres un presente.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Leñadores

Te encantan los leñadores vanguardistas y delgados,
bien delgados, esqueléticos;
todos tan hijos de su tiempo.

Todos tan inmersos en sus noches,
su música, sus palabritas, libros y
fotografías anaranjadas.

Ellos, cerditos que aman estar bajo tierra,
escupiendo tierra, jalando tierra, sospechando tierra,
masticando gusanos, revolviendo piedras y vuelta empezar.

viernes, 2 de marzo de 2012

Incertidumbre, adiós.

Ligerito te reinventare en el lado sordo y opaco del sol.
Recuperare hilos de aire, saldare cuentas imaginarias con el banco,
y otros prestamos particulares.

Dejaré de ver televisión como pretexto para calmar la ansiedad,
y aunque no siempre recuerde los surcos de tus ojos,
conservare intacto el signo de tu mirada.


Adiós, hasta cuando sea necesario. 

jueves, 16 de febrero de 2012

DiaNoche

1


El día pierde gravedad,
se eleva para hundirse
en el cielo
y deja a su cola blanca
ondulando bajo la misma
frecuencia de espanto
que la cola lacerada
de aquella lagartija.

1.2

El día se arranca, se olvida del polvo que habita la tierra;
aquel mortal impertérrito, ciego de mirar lo inconcluso,
que no ha resuelto demasiado y agita, con sus manos,
el núcleo de la noche.


2

El núcleo de la noche se ha puesto a rodar sobre la mesa.
Las horas prietas se asoman por los vértices de las puertas
y solo se les puede ver si es de soslayo.